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lunes, 19 de septiembre de 2011

Déjalo que fluya


El ser humano tiene una tendencia generalizada, una necesidad de controlarlo todo. Desde el tiempo del reloj, el botón de la emisora, el canal de televisión hasta el ritmo de sus relaciones personales.
Cuando la situación se sale de nuestras manos se siente una impotencia capaz de desbordar los sentidos. Quisieras amarrar el objeto, persona o situación y volver a someterlo a tu vida pero inconscientemente te estás amarrando a ti mismo y sin quererlo te conviertes en prisionero.
Lo peor es que la llave que abre el candadito que controla tu vida se perdió. Quizás la encontró esa persona o situación a quien le diste las riendas cuando en vano, intentaste controlarle.
Lo mejor es dejar las cosas fluir a su ritmo natural. Lo que tenga que pasar, pasará. Lo que tenga que llegar, llegará. Sin prisas, sin presiones, así sin más.

martes, 8 de febrero de 2011

Un angelito


Yo creo que tú eres un ángel. Un angelito en problemas quizás. Un angelito confundido, travieso y miedoso puede ser. Pero eres un ángel. Al menos para mí.

Desde el primer día que te vi supe que serías alguien especial en mi vida. Pasaron los años desde esa vez en que la timidez no nos dejó pasar de un simple hola, hasta que la magia del Internet nos devolvió las palabras que no nos dijimos en aquel momento.

Ya sé que las cosas entre tú y yo no deben ser, no pueden ser, pero son, han surgido en contra de tu voluntad y de la mía. Es inevitable, y ya a esta altura pá que te cuento! hay poco que hacer.

Mi corazón te sueña y se acelera con tu mirada, con tu voz, con tus palabras, y es tan iluso que te espera. Pero en cuanto se asoma la objetividad, la realidad, la cruda realidad es imposible no dejar salir un suspiro al que casi siempre le acompaña una lágrima.

Quizás si las cosas fueran fáciles entre tú y yo, no tendrían el encanto y la magia que tienen. Ya el tiempo nos lo dirá.
Mientras tanto, sigo soñando contigo.

martes, 25 de enero de 2011

Esas palabritas


Una palabra. Y otra, y otra, y otra. Simples, espaciadas, tímidas, parecen no significar nada por sí solas pero se unen, se abrazan unas a otras e inevitables desatan emociones en mí.

No dice nada y lo dice todo. Calla pero habla con su silencio. Es como un huracán contenido, un baúl lleno de sentimientos que quieren morir. Quizás su vida haya estado marcada por la decepción y teme que el destino le vuelva a hacer una trastada.

Se protege cual si fuera un niño, que indefenso y sensible quiere esconderse y olvidar.

No sé porqué me afecta tanto, no he pasado por su situación pero me conmueve, me entristece. No merece sufrir porque es bueno, no le conozco pero lo siento así.

Sin proponérselo poco a poco se arrima a mi corazón y siento miedo porque otro desengaño no me viene bien. No quiero más enredos, pero la curiosidad me gana. Quiero conocerlo pero a la vez siento que sería mejor estacionar a la derecha y dejarlo pasar.

Sí, creo que es lo mejor, aunque sus tímidas palabras sigan resonando en mi interior.

sábado, 15 de enero de 2011

He aprendido


A lo largo de mi vida he vivido experiencias que me han llevado poco a poco a ir comprendiendo muchas cosas.

Una de ellas es que la suposición de una mujer casi siempre acierta. Tenemos esa capacidad para hilar palabras, miradas, gestos, hechos y detectar fácilmente una infidelidad o traición.

Que esperar desespera, que cuando quieres que el tiempo pase deprisa es como si las agujas del reloj se cansaran y se negaran a caminar hacia delante, pero que al final siempre llega el momento anhelado.

Que cuando huyes te persiguen y cuando persigues te huyen. Esto es aplicable en todos los aspectos, amores, metas, situaciones, así de simple.

Que es difícil perdonar, pero que es más doloroso guardar rencor y rabia en tu corazón, por tanto es mejor soltar y liberarte de malas vibras.

Que muchas veces perseguimos metas falsas, dejando de lado lo que en verdad importa.
Que el tesoro más valioso es la familia, la única razón válida para pisar fuerte. Son quienes te profesan el amor más sincero y verdadero.

Que si no existieran los días grises no se valorarían aquellos en que el sol te calienta y brilla para ti.

Que Dios es el soporte que te ayuda a seguir cuando fallan tus fuerzas, el que cura tus heridas y llena tu alma de paz.
Y sigo aprendiendo...

domingo, 26 de diciembre de 2010

Un regalo anaranjado


Debo confesar que no he sido muy afortunada para los regalos. Aunque las veces que me ha tocado destapar esos envoltorios de colores con sus alegres lazos, mi corazón salta de emoción y más al ver el contenido con el que casi siempre mis amigos me sorprenden y agradan.

Hace poco recibí un singular regalo por mi cumpleaños que llegó fuera de fecha pero que vino en el momento apropiado y el cual he disfrutado al tocarlo, olerlo y saborearlo.
Sin tratarse de un dulce o un perfume, he apreciado cada página del libro con el que mi amiga Merche se hizo presente en mi aniversario de vida.

La Joven de las Naranjas cautiva al lector desde que tiene el ejemplar en sus manos, desde su portada que a juzgar por el titulo debe suponer que se ilustra con la cítrica fruta, hasta el emocionante final.

No tenía ni idea de qué iba la historia, ni siquiera el prólogo del libro me daba una pista de lo que encontraría cuando comencé a hojearlo.

Según me iba adentrando en el mundo de Jan Olav, el rompecabezas se iba ordenando y todo empezaba a cobrar vida, los hilos se iban tejiendo para dar sentido a la fascinante historia.

Un punto que le añadió mas emoción a la trama fue cuando descubrí que aquella novela de amor se desarrollaba en parte, en Sevilla, sencillamente la ciudad de las naranjas.

No voy a contar aquí el argumento, sólo diré en resumidas cuentas que la Joven de las Naranjas incita al lector a dejarse llevar por el carpe diem y a disfrutar cada momento de la vida. Les dejo de tarea que cada uno descubra el fascinante mundo que Jostein Gaarder dibuja en sus páginas anaranjadas.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Decir lo que piensas es sano


Me he pasado los últimos tres meses embarcada en un proyecto del curso que estoy haciendo, que desde el principio hasta el final fue un reto en todo el sentido de la palabra. Se trataba de producir un programa de televisión, desde la fase de pre producción hasta su emisión.

Como siempre estos trabajos suelen hacerse en equipo, ya que supuestamente es la mejor manera de trabajar hoy en día. En este caso los equipos se componían de dos miembros, lo cual aparentemente facilita las cosas, ya que entre dos personas es mas fácil entenderse.

Pensé que al conocer esta chica del año pasado y trabajar juntas en otros proyectos sería suficiente para sacar adelante el trabajo. Lamentablemente esta vez no sucedió así.
La joven, se escudó en las más variadas excusas, en supuestas obligaciones y se sumió en la total indiferencia, lo cual iba dejando pasar simplemente por no decir nada y no "hacerla sentir mal" con mis comentarios. Pensé que la fórmula correcta sería delegar ciertos puntos que no exigían mucho esfuerzo para integrarla, pero todo resultó en vano.

Pasaron los días y así se incrementaba la exigencia por parte de los profesores que pedían cada parte del trabajo puntual y sin demoras.

Al llegar a la entrega final vino el estrés y la frustración al ver que disponía de poco tiempo y mucho por hacer. Sin embargo, no decaí y no quedaba otra que dedicar largas horas de esfuerzo para sacar el proyecto adelante.

Acumulé tensiones, nervios y palabras no dichas en su momento, que aquel día de liberación al entregar el dichoso dossier, también descargué toda mi ansiedad en esa persona que se negaba a entender la actitud que yo había tomado.

Con altura le fui diciendo punto por punto lo que había sentido y mal pasado durante todo ese tiempo. Subía y bajaba la voz, estaba nerviosa, irritada, me desconocía.

Para resumir, esa persona que en su momento fue mi compañera con la que compartía mis recreos, mis historias, al día de hoy no nos hablamos, la relación quedó rota, y todo por no haber dicho las cosas en su momento.

Lo cierto es que he intentado arreglarlo porque no me gustan las discordias, ni malos entendidos, ella tiene sus razones para no hablar, pero yo también tengo las mías y en ese momento defendí lo que creía era justo.

Decir lo que se piensa es sano, es necesario. Es lo mas idóneo para mantener buenas relaciones con los demás, yo lo se, pero me cuesta ponerlo en práctica.
De ahora en adelante pondré mi empeño en desarrollar esa actitud, que es positiva, simplemente se trata de sinceridad y claridad el verbalizar lo que se siente.

sábado, 2 de octubre de 2010

Fabricando fantasías


A veces se quiere justificar lo que no resiste el mas mínimo análisis, nos empeñamos en inventar historias que sólo existen en nuestra cabeza.

En nuestro afán, vamos añadiendo páginas a un cuento que nos contamos nosotros mismos y que carece de objetividad alguna, simplemente se da rienda suelta a los deseos e ilusiones sin tener en cuenta la realidad, la cruda y dura realidad.

Se abrigan esperanzas, se tejen sueños, que aunque no se consigan nos regalan una chispa de felicidad y nos impulsan a ver la vida con alegría.

Lo que si hay que tener claro es saber cuando cortar la película y cuando retirarse del escenario.

Si ya se tienen las suficientes evidencias de que la cosa no va para ningún lado, que ya se hizo lo necesario por sacar adelante un proyecto de cualquier índole y no hay avances, lo mejor es planear una aventura que nos empuje hacia nuevos horizontes.

No se trata de darse por vencido, sino de saber leer entre líneas y aceptar que no siempre la vida cede a nuestros caprichos y viéndolo desde un punto de vista optimista pensar en que a veces perdiendo se gana.

Mis libros preferidos

  • 11 Minutos, Paulo Coelho
  • El Oro y la Paz, Juan Bosch
  • El Perfume, Patrick Suskind
  • Paula, Isabel Allende