lunes, 27 de diciembre de 2010

Guardando las distancias


Cuando se decide coger las maletas y emprender una vida fuera del país de origen se echa en falta un sinnúmero de circunstancias, personas y lugares. La nostalgia es la compañera inseparable del inmigrante. La patria duele y uno se aferra a los recuerdos manteniendo viva la esperanza de regresar.

Sin embargo, tras los primeros meses de adaptación en el país de acogida es inevitable empezar a hacer las comparaciones que nacen de las diferencias que saltan a la vista de cualquiera que viene de un país del tercer mundo a uno desarrollado.

Empecemos con el tema de la seguridad ciudadana que es uno de los temas más preocupantes en muchos países de América Latina, principalmente de República Dominicana que es la realidad que más conozco. En España puedes andar a cualquier hora del día o de la noche sin temor a que te asalten para quitarte un móvil, a veces se tiene tanta suerte que te devuelven cualquier objeto que hayas olvidado por cualquier despiste.

Puedes abordar un autobús y sabrás que llegarás a tiempo a tu destino, en condiciones de higiene y con respeto entre el conductor y demás pasajeros.

Si tienes la oportunidad de trabajar se te respetaran tus vacaciones, días de descanso y en la mayoría de los casos se te pagará conforme con tu formación profesional. Podrás compensar casi siempre tu vida personal con la jornada laboral lo cual redundará en una mejor calidad de vida.

La seguridad social cubrirá cualquier enfermedad del trabajador, proveyendole un servicio permanente, a coste cero y con descuentos en la mayoría de los medicamentos que precise.

Aquí no hay que preocuparse de comprar un inversor ni pensar en las velas o lámparas de gas, el servicio energético funciona las 24 horas del día. Lo mismo sucede con el agua potable, no te llevarás el susto de que una mañana te levantes y no tengas agua para lavarte la cara.

La basura, eso es otro tema resuelto. No verás acumulaciones de desperdicios, las calles están sumamente limpias, hay una gran cantidad de contenedores cerca de las viviendas para que nadie tenga que ir muy lejos a depositar la basura. También se tiene la cultura del reciclaje.

En cuanto a la educación, también es muy superior a la nuestra. Es gratuita y aparte de los niveles primarios y secundarios existe un nivel intermedio para quien no desee ingresar a la universidad pueda optar por una carrera técnica que le permita tener tener una formación académica adecuada.

Ya hemos resumido las necesidades básicas que deben tener cubiertas todos los ciudadanos de un país. Salud, educación, empleo, transporte, agua potable, energía eléctrica, sin mencionar, vivienda, ocio, entre otros.

Lo que no comprendo es como si la mayoría de nuestros gobernantes han tenido la oportunidad de viajar y apreciar cual es el nivel de vida que deberían darle a sus conciudadanos no hacen nada por satisfacer al menos lo más esencial.

Ciertamente ellos gozan de los privilegios de una clase media alta y alta que la mayoría no puede tener, se hacen de la vista gorda y sólo se preocupan por engrosar sus cuentas bancarias a costa del pueblo.

Estas son las cosas y no otras las que motivan a la gente a emigrar, a tener que dejar su tierra y a llevar a cuestas el título de extranjero pudiendo disfrutar todas las riquezas que tiene su país.

Cuando se hace una crítica o una comparación inmediatamente los políticos te dirán:
"Pero es injusto comparar un país desarrollado con República Dominicana" y Yo digo, ¿Por qué no? es precisamente eso lo que nos tiene sumidos en la pobreza y el abandono, ese conformismo y esa apatía de no dejar atrás la mentalidad del subdesarrollo.
Guardando las distancias, yo si creo que se puede hacer algo.

2 comentarios:

Mary Esther dijo...

Porqué son unos sinvergüenzas, y les interesa tenernos sumidos en la pobreza

Maritere dijo...

Así es Mary, por esa razón la demanda del 4% en favor de la educación fue un fracaso, precisamente porque un pueblo educado y empoderado puede exigir y defender sus derechos.

Mis libros preferidos

  • 11 Minutos, Paulo Coelho
  • El Oro y la Paz, Juan Bosch
  • El Perfume, Patrick Suskind
  • Paula, Isabel Allende